Capítulo 2: El impulso de la cooperación, 1920-1938
Hacia
1918 y dentro del proceso de modernización desde el gobierno de Reyes, Pablo
García Medina había impulsado la creación de la Dirección Nacional de Higiene
(DNH), instancia que permitió a los higienistas “incidir en la política de
salud del país”. En 1920 esta instancia de comando nacional dependía del
Ministerio de Agricultura y Comercio. Por primera vez, asistía un funcionario
revestido de tal autoridad oficial, y allí García Medina cumplió un gran papel al
punto de ser nombrado Director Honorario de la OSI, durante esa misma
conferencia. el gobierno del “presidente paria, Suárez, quien pidió al país no
perder de vista la orientación hacia “la estrella polar” fue el último
representante declarado de los gramáticos y clericales que, junto con los
generales liberales y conservadores, asolaron el siglo XIX colombiano. En este
contexto acudió Colombia a la cita sanitaria de Montevideo, representada por el
máximo jerarca del aparato oficial de salud.
Colombia en la VI Conferencia Sanitaria Internacional
Por
primera vez, Colombia enviaba a un funcionario de higiene a una de las
conferencias sanitarias del continente ya que en el pasado había sido
representada por diplomáticos o por médicos que no vivían en Colombia
García
Medina informó de manera extensa sobre la lepra. Más que ninguna otra
enfermedad, la lepra preocupó a los médicos colombianos durante décadas, hasta
el punto que la lucha contra esta enfermedad jugó un papel destacado en la
institucionalización de la profesión médica García Medina explicó que el
sistema de aislamiento que se había adoptado era el de colonias agrícolas, el
mejor disponible, puesto que el enfermo tenía en ellas una libertad relativa y
podía ejercer algún oficio, lo cual contribuía a mitigar la dura situación en
que quedaba al separarlo de su hogar.
A su
regreso, García Medina ofreció una versión igualmente optimista de su
participación en la conferencia que según su punto de vista la forma en que
estaba organizado el servicio de higiene de Colombia había llamado la atención
de la VI Conferencia, porque investía a los directores del ramo con la
autoridad suficiente para dictar las medidas de higiene y de policía sanitaria,
y porque la legislación daba la unidad necesaria para que la sociedad quedara
eficazmente protegida.
En su
Informe de Higiene de 1921, García Medina recordaba la sugerencia de la
Academia Nacional de Medicina sobre el “médico de sanidad”, mencionado
anteriormente, para conciliar los intereses del enfermo y los de la sociedad.
Estadísticas, autoridad cultural de los higienistas y Fundación
Rockefeller
García
Medina insistió permanentemente en sus informes al Congreso sobre las
obligaciones que había adquirido Colombia al suscribir la Convención de Washington
y al participar de las conferencias sanitarias. Después de su exitosa actuación
en la VI Conferencia Sanitaria, García Medina se centró sus en dar cumplimiento a lo estipulado en las
resoluciones emanadas de ésta y las anteriores conferencias.
Además de
las normas en relación con la sanidad de puertos y declaración obligatoria de
enfermedades infecciosas, se impulsaron las estadísticas médicas, acciones
contra otras enfermedades infectocontagiosas, las campañas de vacunación contra
la viruela, la lucha contra las plagas y la dotación de servicios públicos
básicos (agua potable, alcantarillado, manejo de basuras).
Sin
embargo, García Medina señalaba, en 1931, que por el descuido
y la inacción de las autoridades y la todavía invencible renuencia de los médicos
a denunciar las enfermedades infectocontagiosas como lo ordenaba la ley, poco
se había hecho en este campo de la estadística
En la
demostración de los beneficios de la higiene para la modernización contribuyó
el apoyo técnico de la FR, más que la intervención directa de la OSP, aunque
como se ha indicado, con frecuencia resulta difícil diferenciar las acciones de
las dos entidades.
García
Medina consideraba, después de que la comisión de la FR confirmó que se trataba
de fiebre amarilla, que la Nación estaba en la obligación de combatir la
epidemia, de acuerdo con las Convenciones Sanitarias Internacionales
Colombia y el Código Sanitario Panamericano de 1924
En
la reunión sanitaria continental de La Habana, llevada a cabo entre el 5 y el
15 de noviembre de 1924, se adoptó el calificativo de “panamericana” para estos
eventos, siendo pues ésta la VII Conferencia Sanitaria Panamericana. La cual
resuelve celebrar una reunión de responsables nacionales de higiene de los
Estados americanos, lo que dio lugar a la I Conferencia de Directores
Nacionales de Sanidad de las Repúblicas Americanas, en Washington, del 20 al 30
de septiembre de 1926
El
Código Sanitario fue firmado a reserva de la correspondiente ratificación por
las delegaciones de los diferentes países, el cual consistía: ““un conjunto de
normas para la cuarentena marítima”. Según García Medina, la expedición del
código se debía a la iniciativa colombiana pues había sido Guillermo Valencia,
como jefe de la delegación de Colombia a la V Conferencia Panamericana de
Santiago de Chile de 1923, quien, teniendo en cuenta que con el uso de sistemas
uniformes en los métodos y procedimientos de cuarentena podía obtenerse un
máximo de protección con dilación mínima para el comercio, había propuesto que
se encargara a la nueva OSP de Washington presentar un proyecto de Código
Sanitario Marítimo Internacional a la VII Conferencia Sanitaria, la de La
Habana en 1924. Esta moción, fue aprobada por unanimidad.
Entre
los objetivos de este código estaba:
·
Adoptar medidas cooperativas encaminadas a prevenir la propagación internacional
de infecciones o enfermedades susceptibles de transmitirse a seres humanos.
·
Normalizar
la recolección de datos estadísticos relativos a la morbilidad en diferentes
países.
·
Estimular
el intercambio de informes que pudieran ser valiosos para mejorar la sanidad
pública.
·
Uniformizar
las medidas empleadas en los lugares de entrada para impedir la introducción de
enfermedades transmisibles propias del hombre, a fin de obtener una mayor
protección contra ellas.
No
obstante la aceptación del Código Sanitario de 1924 por el delegado colombiano
y la aceptación formal por lo gobiernos anteriores a 1930, su aprobación por
parte del Congreso debió esperar hasta la presidencia del liberal Enrique Olaya
Herrera, En 1930, Eduardo Santos, entonces Ministro de Relaciones Exteriores
del gobierno de Olaya, presentó un proyecto para la aprobación del proyecto.
Donde
consideraban los motivos como:
“El código sanitario
panamericano debe considerarse un gran progreso en las aplicaciones prácticas
de los principios de la higiene que protegen y estimulan las relaciones
internacionales, defendiendo a las naciones de las enfermedades
infectocontagiosas [Con él] se facilitarán las transacciones comerciales que unen
los pueblos y acrecientan su riqueza, lo cual influirá considerablemente en el
bienestar social (Santos, 1931: 243)”.
García
Medina, se proponía precisamente separar lo relativo a la higiene, la
asistencia, los lazaretos y la protección de la infancia de esa cartera, El
proyecto se convirtió en la Ley 1ª de 1931, que separó la Dirección Nacional de
Higiene y Asistencia Pública del Ministerio de Educación, creándose entonces el
Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública, independiente de los
demás departamentos administrativos.
La OSP, la Fundación
Rockefeller y la expansión de la higiene
A lo
largo de los años treinta del siglo XX, el vínculo entre la OSP y el Estado
colombiano siguió centrado en el control de las epidemias y en la sanidad
portuaria, en ese momento más claramente reglada después de aprobado y
ratificado el Código Sanitario Panamericano de 1924.
Las
acciones contra el paludismo en esta etapa fueron adelantadas con la
cooperación de la FR. García Medina anotaba en 1931 que, en su carácter de
Director Nacional de Higiene, se dirigió durante varios años al Gobierno y al
Congreso para emprender una campaña seria y científica contra el paludismo.
En
Colombia resultaba indiscutible, según Campo Posada, la necesidad de una
organización unificada en el DNH, pero ejercida mediante convenios con los
departamentos y municipios para evitar el despilfarro en planes no sometidos a
criterios técnicos. El proyecto para esto consistía en continuar extendiendo
las Unidades y Comisiones Sanitarias en las ciudades y pequeñas poblaciones del
país.
Sin
embargo, las unidades sanitarias estaban articuladas alrededor de la acción
higiénica y preventiva. Pero mas adelante se ensayó un modelo más orientado a
integrar servicios curativos y preventivos más allá de ciertas enfermedades,
pensando en atención médica de los trabajadores de ciertas áreas estratégicas
de la economía nacional.
El Ministerio y los Servicios Coordinados de Higiene
La Ley 96 del 6 de agosto de
1938 creó el Ministerio de Trabajo Higiene y Previsión Social y, al mismo
tiempo, el de Economía un día antes de que terminase el gobierno de Alfonso
López Pumarejo y empezase el de Eduardo Santos.
El Decreto 2392 de ese mismo
año estableció en su interior los siguientes departamentos: Negocios Generales,
Administrativo, Nacional del Trabajo, Cooperativas y Previsión Social,
Servicios Coordinados de Higiene, Lucha Antileprosa, Protección Infantil y
Materna, Asistencia Social e Ingeniería Sanitaria. Estos departamentos estaban
organizados de la siguiente manera:
- El Departamento de Servicios Coordinados de Higiene:
tenía bajo su responsabilidad la unificación y coordinación de todos los
servicios sanitarios, y el cumplimiento y desarrollo de las actividades
administrativas.
El
Departamento de Servicios Coordinados tendría a
su vez las siguientes secciones: sanidad, lucha antituberculosa, lucha
antivenérea, educación y propaganda, lucha anticancerosa.
También dependían del
Departamento de Servicios Coordinados el Laboratorio Federico Lleras Acosta, en
relación con sus labores de investigación, el Laboratorio de Fiebre Amarilla,
como parte integrante de la Sección de Estudios Especiales, y el Instituto
Nacional de Radium.
Según Alberto Jaramillo Sánchez
Colombia enviaba a la OSP cifras inexactas de defunciones por enfermedades
infectocontagiosas de declaración obligatoria, pues las fuentes de información
no eran confiables.
Los Centros Mixtos de Salud y
las Unidades y Comisiones Sanitarias desarrollaban campañas múltiples y
trataban de resolver todos los problemas sanitarios que se presentaban en las
regiones donde estaban localizados. Los primeros disponían de sumas de
entidades privadas y prestaban servicios de asistencia social a una escala
relativamente amplia; las Unidades y Comisiones orientaban sus labores
principalmente hacia la prevención de las enfermedades y labores asistenciales,
en lo relativo a la protección infantil y lucha contra las enfermedades
endémicas y sociales.
Decían que se necesitaba un
estatuto jurídico que consagrara derechos y garantías, puesto que la dedicación
de los funcionarios de higiene implicaba la desvinculación de actividades
profesionales más provechosas y de más seguro porvenir.
Esta reivindicación retomaba, los
pedidos que sobre la profesionalización y especialización en este campo habían
venido haciendo las conferencias sanitarias del continente desde hacía una
década.
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