sábado, 19 de abril de 2014

Linea de tiempo. Capitulo 2.


Capítulo 2: El impulso de la cooperación, 1920-1938

Hacia 1918 y dentro del proceso de modernización desde el gobierno de Reyes, Pablo García Medina había impulsado la creación de la Dirección Nacional de Higiene (DNH), instancia que permitió a los higienistas “incidir en la política de salud del país”. En 1920 esta instancia de comando nacional dependía del Ministerio de Agricultura y Comercio. Por primera vez, asistía un funcionario revestido de tal autoridad oficial, y allí García Medina cumplió un gran papel al punto de ser nombrado Director Honorario de la OSI, durante esa misma conferencia. el gobierno del “presidente paria, Suárez, quien pidió al país no perder de vista la orientación hacia “la estrella polar” fue el último representante declarado de los gramáticos y clericales que, junto con los generales liberales y conservadores, asolaron el siglo XIX colombiano. En este contexto acudió Colombia a la cita sanitaria de Montevideo, representada por el máximo jerarca del aparato oficial de salud.

Colombia en la VI Conferencia Sanitaria Internacional

Por primera vez, Colombia enviaba a un funcionario de higiene a una de las conferencias sanitarias del continente ya que en el pasado había sido representada por diplomáticos o por médicos que no vivían en Colombia
García Medina informó de manera extensa sobre la lepra. Más que ninguna otra enfermedad, la lepra preocupó a los médicos colombianos durante décadas, hasta el punto que la lucha contra esta enfermedad jugó un papel destacado en la institucionalización de la profesión médica García Medina explicó que el sistema de aislamiento que se había adoptado era el de colonias agrícolas, el mejor disponible, puesto que el enfermo tenía en ellas una libertad relativa y podía ejercer algún oficio, lo cual contribuía a mitigar la dura situación en que quedaba al separarlo de su hogar.
A su regreso, García Medina ofreció una versión igualmente optimista de su participación en la conferencia que según su punto de vista la forma en que estaba organizado el servicio de higiene de Colombia había llamado la atención de la VI Conferencia, porque investía a los directores del ramo con la autoridad suficiente para dictar las medidas de higiene y de policía sanitaria, y porque la legislación daba la unidad necesaria para que la sociedad quedara eficazmente protegida.
En su Informe de Higiene de 1921, García Medina recordaba la sugerencia de la Academia Nacional de Medicina sobre el “médico de sanidad”, mencionado anteriormente, para conciliar los intereses del enfermo y los de la sociedad.

Estadísticas, autoridad cultural de los higienistas y Fundación Rockefeller

García Medina insistió permanentemente en sus informes al Congreso sobre las obligaciones que había adquirido Colombia al suscribir la Convención de Washington y al participar de las conferencias sanitarias. Después de su exitosa actuación en la VI Conferencia Sanitaria, García Medina se centró sus  en dar cumplimiento a lo estipulado en las resoluciones emanadas de ésta y las anteriores conferencias.
Además de las normas en relación con la sanidad de puertos y declaración obligatoria de enfermedades infecciosas, se impulsaron las estadísticas médicas, acciones contra otras enfermedades infectocontagiosas, las campañas de vacunación contra la viruela, la lucha contra las plagas y la dotación de servicios públicos básicos (agua potable, alcantarillado, manejo de basuras).
Sin embargo, García Medina señalaba, en 1931, que por el descuido y la inacción de las autoridades y la todavía invencible renuencia de los médicos a denunciar las enfermedades infectocontagiosas como lo ordenaba la ley, poco se había hecho en este campo de la estadística
En la demostración de los beneficios de la higiene para la modernización contribuyó el apoyo técnico de la FR, más que la intervención directa de la OSP, aunque como se ha indicado, con frecuencia resulta difícil diferenciar las acciones de las dos entidades.
García Medina consideraba, después de que la comisión de la FR confirmó que se trataba de fiebre amarilla, que la Nación estaba en la obligación de combatir la epidemia, de acuerdo con las Convenciones Sanitarias Internacionales

Colombia y el Código Sanitario Panamericano de 1924

En la reunión sanitaria continental de La Habana, llevada a cabo entre el 5 y el 15 de noviembre de 1924, se adoptó el calificativo de “panamericana” para estos eventos, siendo pues ésta la VII Conferencia Sanitaria Panamericana. La cual resuelve celebrar una reunión de responsables nacionales de higiene de los Estados americanos, lo que dio lugar a la I Conferencia de Directores Nacionales de Sanidad de las Repúblicas Americanas, en Washington, del 20 al 30 de septiembre de 1926
El Código Sanitario fue firmado a reserva de la correspondiente ratificación por las delegaciones de los diferentes países, el cual consistía: ““un conjunto de normas para la cuarentena marítima”. Según García Medina, la expedición del código se debía a la iniciativa colombiana pues había sido Guillermo Valencia, como jefe de la delegación de Colombia a la V Conferencia Panamericana de Santiago de Chile de 1923, quien, teniendo en cuenta que con el uso de sistemas uniformes en los métodos y procedimientos de cuarentena podía obtenerse un máximo de protección con dilación mínima para el comercio, había propuesto que se encargara a la nueva OSP de Washington presentar un proyecto de Código Sanitario Marítimo Internacional a la VII Conferencia Sanitaria, la de La Habana en 1924. Esta moción, fue aprobada por unanimidad.
Entre los objetivos de este código estaba:
·         Adoptar medidas cooperativas encaminadas a prevenir la propagación internacional de infecciones o enfermedades susceptibles de transmitirse a seres humanos.
·         Normalizar la recolección de datos estadísticos relativos a la morbilidad en diferentes países.
·         Estimular el intercambio de informes que pudieran ser valiosos para mejorar la sanidad pública.
·         Uniformizar las medidas empleadas en los lugares de entrada para impedir la introducción de enfermedades transmisibles propias del hombre, a fin de obtener una mayor protección contra ellas.
No obstante la aceptación del Código Sanitario de 1924 por el delegado colombiano y la aceptación formal por lo gobiernos anteriores a 1930, su aprobación por parte del Congreso debió esperar hasta la presidencia del liberal Enrique Olaya Herrera, En 1930, Eduardo Santos, entonces Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Olaya, presentó un proyecto para la aprobación del proyecto.
Donde consideraban los motivos como:
El código sanitario panamericano debe considerarse un gran progreso en las aplicaciones prácticas de los principios de la higiene que protegen y estimulan las relaciones internacionales, defendiendo a las naciones de las enfermedades infectocontagiosas [Con él] se facilitarán las transacciones comerciales que unen los pueblos y acrecientan su riqueza, lo cual influirá considerablemente en el bienestar social (Santos, 1931: 243)”.
García Medina, se proponía precisamente separar lo relativo a la higiene, la asistencia, los lazaretos y la protección de la infancia de esa cartera, El proyecto se convirtió en la Ley 1ª de 1931, que separó la Dirección Nacional de Higiene y Asistencia Pública del Ministerio de Educación, creándose entonces el Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública, independiente de los demás departamentos administrativos.

La OSP, la Fundación Rockefeller y la expansión de la higiene

A lo largo de los años treinta del siglo XX, el vínculo entre la OSP y el Estado colombiano siguió centrado en el control de las epidemias y en la sanidad portuaria, en ese momento más claramente reglada después de aprobado y ratificado el Código Sanitario Panamericano de 1924.
Las acciones contra el paludismo en esta etapa fueron adelantadas con la cooperación de la FR. García Medina anotaba en 1931 que, en su carácter de Director Nacional de Higiene, se dirigió durante varios años al Gobierno y al Congreso para emprender una campaña seria y científica contra el paludismo.
En Colombia resultaba indiscutible, según Campo Posada, la necesidad de una organización unificada en el DNH, pero ejercida mediante convenios con los departamentos y municipios para evitar el despilfarro en planes no sometidos a criterios técnicos. El proyecto para esto consistía en continuar extendiendo las Unidades y Comisiones Sanitarias en las ciudades y pequeñas poblaciones del país.
Sin embargo, las unidades sanitarias estaban articuladas alrededor de la acción higiénica y preventiva. Pero mas adelante se ensayó un modelo más orientado a integrar servicios curativos y preventivos más allá de ciertas enfermedades, pensando en atención médica de los trabajadores de ciertas áreas estratégicas de la economía nacional.

El Ministerio y los Servicios Coordinados de Higiene

La Ley 96 del 6 de agosto de 1938 creó el Ministerio de Trabajo Higiene y Previsión Social y, al mismo tiempo, el de Economía un día antes de que terminase el gobierno de Alfonso López Pumarejo y empezase el de Eduardo Santos.
El Decreto 2392 de ese mismo año estableció en su interior los siguientes departamentos: Negocios Generales, Administrativo, Nacional del Trabajo, Cooperativas y Previsión Social, Servicios Coordinados de Higiene, Lucha Antileprosa, Protección Infantil y Materna, Asistencia Social e Ingeniería Sanitaria. Estos departamentos estaban organizados de la siguiente manera:
-       El Departamento de Servicios Coordinados de Higiene: tenía bajo su responsabilidad la unificación y coordinación de todos los servicios sanitarios, y el cumplimiento y desarrollo de las actividades administrativas.
El Departamento de Servicios Coordinados tendría a su vez las siguientes secciones: sanidad, lucha antituberculosa, lucha antivenérea, educación y propaganda, lucha anticancerosa.
También dependían del Departamento de Servicios Coordinados el Laboratorio Federico Lleras Acosta, en relación con sus labores de investigación, el Laboratorio de Fiebre Amarilla, como parte integrante de la Sección de Estudios Especiales, y el Instituto Nacional de Radium.
Según Alberto Jaramillo Sánchez Colombia enviaba a la OSP cifras inexactas de defunciones por enfermedades infectocontagiosas de declaración obligatoria, pues las fuentes de información no eran confiables.
Los Centros Mixtos de Salud y las Unidades y Comisiones Sanitarias desarrollaban campañas múltiples y trataban de resolver todos los problemas sanitarios que se presentaban en las regiones donde estaban localizados. Los primeros disponían de sumas de entidades privadas y prestaban servicios de asistencia social a una escala relativamente amplia; las Unidades y Comisiones orientaban sus labores principalmente hacia la prevención de las enfermedades y labores asistenciales, en lo relativo a la protección infantil y lucha contra las enfermedades endémicas y sociales.
Decían que se necesitaba un estatuto jurídico que consagrara derechos y garantías, puesto que la dedicación de los funcionarios de higiene implicaba la desvinculación de actividades profesionales más provechosas y de más seguro porvenir.

Esta reivindicación retomaba, los pedidos que sobre la profesionalización y especialización en este campo habían venido haciendo las conferencias sanitarias del continente desde hacía una década.

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