Capítulo 4:
Entre la erradicación de enfermedades y la integración de servicios,
1951-1960
El
país vivía una crítica situación de violencia y se gestaba un golpe militar al
comienzo del decenio de los 50, junto a esto hubo un cambio en la
infraestructura productiva y de comunicaciones; también surgió la creación de
instrumentos legales e institucionales para un buen desarrollo económico.
Dando
esto como resultado un flujo mas sostenido en cuestión de higiene y salud, a
partir de 1947 la OMS y la OSPA definen formas de trabajo en equipo de sus
miembros, entre centros de poder y subalternos. Igualmente se dio un
replanteamiento en el campo de la salud e higiene de las correlaciones de fuerza,
en el marco de creciente tensión de la guerra fría.
En
1958 se le cambio el nombre de la organización sanitaria panamericasa (OSPA)
por el de (OPS) “organización panamericana de la salud”,con el cual es conocida
hpy en dia dicha organiozacion. Este nombre refleja de manera mas clara su
carácter y sus funciones.
En
este decenio de los cincuenta la OSPA/OPS, ya como organismo regional de la
OMS, continuó con proyectos en el apoyo técnico a los servicios nacionales de
salubridad, la educación y el adiestramiento de personal sanitario y el control
de enfermedades transmisibles. En colombia esto se evidenció en la creación del
Servicio de Erradicación de la Malaria (SEM) en 1956 y en el hecho de que,
hacia 1957, cuatro de los cinco proyectos de cooperación de la OSP/OSPA en
Colombia, iniciados en 1950, se relacionaban con la erradicación de
enfermedades.
Viruela, tuberculosis y lepra: entre
el optimismo y la cautela
En
el marco de la nueva red internacional de organismos de cooperación en salud y
dada la existencia de una vacuna contra la viruela desde el siglo XVIII,
parecía lógico aspirar a la erradicación planetaria de esta enfermedad. Colombia no fue ajena a esta aspiración: en
1955 su gobierno firmó un convenio con la OSP y UNICEF con el fin de desarrollar
una campaña para la erradicación de la viruela en el territorio nacional,
teniendo como meta la inmunización de por lo menos el 80% de la población
contra esta enfermedad, Colombia no fue ajena a esta aspiración: en 1955 su
gobierno firmó un convenio con la OSP y UNICEF con el fin de desarrollar una
campaña para la erradicación de la viruela en el territorio nacional; La
primera campaña se llevó a cabo entre 1955 y 1961. Esta campaña se propuso como meta principal
el cubrimiento del 93% de la población del país (Calderón Molano, 1971, 1),
nivel de cobertura que pretendía lograrse mediante la incorporación de la
vacunación a las actividades de los servicios locales de salud.
Con la
tuberculosis había que ser más cautos. Por ello sólo se propuso y se realizó
una “gran cruzada de vacunación en masa”, con participación de UNICEF, que se
extendió del 20 de septiembre de 1954 al 31 de diciembre de 1956. Con el fin de cuantificar la incidencia de la
tuberculosis en el país, se efectuaron 4.751.882 pruebas de tuberculina. Esta cruzada cubrió, según el Ministerio de
Salud, el 30,1% de la población nacional, y permitió efectuar simultáneamente
2.767.285 vacunaciones antituberculosas (Colombia MSP, 1960a, 1). La lucha contra
la tuberculosis, reglamentada por la ley 27 del 22 de noviembre de 1947,
presentaba serios problemas por la escasez del presupuesto asignado y por la
incapacidad del programa para cubrir la mayor parte el territorio nacional
(Ocampo Londoño, 1960, 225).
El
caso de la lepra exigía aún más cautela, debido al desconocimiento absoluto del
modo de transmisión del bacilo. La
síntesis de las sulfonas y su aplicación exitosa en pacientes de lepra generó
esperanzas en cuanto a las posibilidades de curación de la enfermedad, En 1950,
la OMS/OSP envió a Colombia su primer consultor en lepra, el brasileño Lauro de
Souza Lima, para asesorar al gobierno , Un tema fundamental era la necesidad de
modificar las ideas tradicionales que se tenían sobre esta enfermedad
integrando la campaña antileprosa a los servicios de salud. En este seminario
se ratificaron conceptos que ya algunos médicos colombianos habían expresado, a
saber: que era preciso acabar con el aislamiento obligatorio, que había
existido en el país desde 1905, y que era indispensable acabar con los
preventorios donde se aislaba a los hijos de enfermos de lepra.
El retorno de la erradicación
Desde
1950, la estrategia de la OSP frente a las enfermedades transmisibles como la
fiebre amarilla y la malaria se centró en la erradicación del vector y, por
tanto, de la enfermedad. En
consecuencia, desde 1947 la OSP recomendó a todos los países miembros el empleo
de DDT para el rociamiento de las casas en las zonas afectadas, como parte de
las campañas que entonces se adelantaban bajo la idea del control de la
infestación. En Colombia, la OSP comenzó
a cooperar directamente en la erradicación del Aedes aegypti desde 1950, cooperación que se consolidaría con la
participación de UNICEF a través del “Programa de control de insectos del
Caribe” a partir de 1952. En este caso,
el objetivo era incorporar en un mismo plan la erradicación del Aedes aegypti en todo el territorio nacional y el control de la malaria en
el área del Caribe, usando el DDT (Colombia MSP, 1961: 2). Aunque, en este caso las dos campañas formaron
parte de un mismo proyecto, en otras áreas se manejaron en forma separada, como
se verá
Programa de erradicación del Aedes aegypti
En
el decenio de 1950, la OSP llenó el vacío que había dejado la FR como líder de
las políticas y acciones de control y erradicación de la fiebre amarilla en
América Latina. La diferencia con las primeras campañas, las de los años
veinte, radicaba en que ya no se buscaba la erradicación de la enfermedad
(objetivo que se basaba en la teoría de los centros claves) sino de su vector
urbano.
En
Colombia, desde 1944 y como un homenaje al científico cubano, se dio el nombre
de Instituto de Estudios Especiales Carlos Finlay (ICF) a la sección del
Ministerio de Salud que, con apoyo de la FR, realizaba investigaciones sobre la
fiebre amarilla. En 1949, un año después de vencido el contrato de la FR con el
ICF, Soper visitó Colombia y sometió a consideración del gobierno un proyecto
de contrato con la OSP, cuya síntesis era:
·
Proseguir
el programa de actividades del ICF, relacionado con la epidemiología y control
de la fiebre amarilla, tifo exantemático y fiebre petequial que incluía: a)
continuar el servicio de viscerotomía; b) producir, distribuir y aplicar la
vacuna contra la fiebre amarilla; c) continuar y sostener campañas para la
completa erradicación en Colombia del Aedes
aegypti; y d) realizar estudios y actividades de control sobre el tifo
exantemático y la fiebre petequial, con producción de vacunas.
·
Colaborar
con los países centroamericanos, Guyana Francesa, Británica y Holandesa,
Panamá, México, Perú, Ecuador, Venezuela e Islas del Caribe en el control de la
fiebre amarilla, entregando vacunas y practicando pruebas de protección y
exámenes histopatológicos del hígado.
·
Proporcionar
facilidades a la OSP para preparar personal de otros países y adelantar
estudios relacionados con otras campañas de sanidad.
En 1969 las reinfestaciones se
extendieron a varios puertos de la costa Atlántica, entre ellos Barranquilla y
Cartagena, por lo que se amplió el personal con 41 funcionarios, justo en el
momento en que el SEM reasumió la responsabilidad ya no sólo de administrar
sino también de dirigir la campaña. Hasta entonces, las actividades realizadas
habían mantenido libre al país de casos de fiebre amarilla urbana y de
epidemias de dengue (Colombia MSP, 1969: 16-17).
Del control a la erradicación de la malaria
La
campaña más característica de la remozada estrategia de erradicación fue la
relativa a la malaria, cuyas metas y bases operativas continuaron vigentes
durante todo su periodo de duración (1950-1979). En 1979, la OMS admitió que la erradicación
no podía lograrse en un buen número de países y volvió al concepto de control
de la enfermedad en un momento en que ya comenzaba a difundirse la política de
Atención Primaria en Salud (APS). Según
el Ministro de Higiene de 1951, Alonso Carvajal Peralta, el gobierno nacional
apropió para ese año la suma de 800.000 pesos con el fin de adquirir los
elementos necesarios para la campaña antipalúdica, previendo que desde 1953 se
realizaría la primera parte del plan, de acuerdo con la OSP. (Carvajal Peralta,
1952: 7). En Colombia, desde 1943 las
actividades de control de la malaria venían realizándose por el SCISP con el
proyecto Campaña Nacional de Malariología.
En 1947, por decreto del Ministerio de Higiene, esta campaña se
convirtió en División de Malariología dentro del mismo SCISP y sus actividades
incluyeron obras de saneamiento para extirpar los criaderos de mosquitos, uso
del DDT y repartición de drogas antimaláricas como la metoquina, cloroguanida y
cloraquina
El Servicio de Erradicación de la Malaria (SEM)
El
gobierno de Colombia, por medio de su delegación ante la XIV Conferencia
Sanitaria Panamericana de 1954, se sumó al acuerdo de erradicación continental
de esta enfermedad. Así, el 31 de agosto de l956 el país firmó un acuerdo con
la OMS y UNICEF con los siguientes
compromisos: a) continuar el programa de
investigación iniciado por la División de Malariología; b) continuar la campaña
de control de la malaria del área del Caribe y transformarla en campaña de
erradicación; c) continuar las restantes campañas antimaláricas en marcha en el
territorio nacional; y d) elaborar un proyecto y presupuesto para la Campaña
Nacional de Erradicación de la Malaria.
Decreto
No. 2968 del 5 de diciembre de 1956 se creó una dependencia en el Ministerio de
Salud Pública que se denominó Servicio Nacional de Erradicación de la Malaria
(SEM), que reemplazó a la División de Malariología del SCISP. El SEM,
considerado como campaña directa del Ministerio de Salud Pública, según el
decreto orgánico del mismo, contó con autonomía técnica y administrativa y
jurisdicción en todo el territorio de la República, así como con un presupuesto
destinado exclusivamente a los gastos que ocasionara su funcionamiento.
La lucha contra la
Fiebre Aftosa
El
interés de la OPS por el estudio y la investigación de enfermedades zoonóticas
comenzó a consolidarse en la segunda mitad de los años cuarenta, y se vio
reforzado tras el nombramiento de Soper como director de la OSP en 1946.
La
consolidación del interés por las zoonosis coincidió con una epidemia de fiebre
aftosa en América del Sur que golpeó principalmente a las naciones andinas,
incluida Colombia. Si bien es difícil considerar la aftosa una zoonosis en un
sentido “estricto” del término, dado su escaso riesgo de contagio a humanos,
las connotaciones económicas y comerciales que había adquirido este mal
impulsaron a los países americanos a solicitar ayuda a la OEA en forma de
programas de cooperación técnica sobre dicha enfermedad. Tras la llegada de la
aftosa a Colombia en 1950 se desarrollaron dos actividades principales para
enfrentar los brotes de la enfermedad.
La primera fue el control en las áreas afectadas mediante la vacunación
–inicialmente adelantada por funcionarios del Ministerio de Agricultura y
posteriormente, en fecha sin especificar, asumida en forma directa por los
productores de ganado (OPS, 1983: 63).
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