domingo, 20 de abril de 2014

Capitulo 8.

Cambio de  reglas, sorpresas y restitución 1993- 2002
Por la restitución del liderazgo

Como se mencionó en el capítulo anterior, el BM presentó su “agenda para la reforma” del financiamiento de los servicios de salud en 1987. Desde ese momento, se inició un cambio en el liderazgo internacional de las políticas sociales, en general, y de salud, en particular, en cuanto a sus aspectos económicos. Los economistas de la salud, ubicados en las agencias financieras multilaterales como el BM y el FMI, comenzaron a tener más incidencia en el diseño de las reformas sanitarias que los salubristas y planificadores de los organismos tradicionalmente encargados de estos asuntos, como OPS/OMS, UNESCO y UNICEF (Hernández, 1997: 203-204). Este cambio tuvo fuertes implicaciones en el proceso de reforma de los sistemas de salud en América Latina y, puede decirse en todo el mundo, como ha sido mostrado por Porter (1999:  247-277).

El informe del BM de 1993, titulado Invertir en salud, hizo más evidente el cambio de liderazgo, al tiempo que presentó al debate mundial el nuevo modelo para el financiamiento de los servicios de salud de manera clara y contundente (BM, 1993). En diciembre del mismo año, en Colombia se discutió y se sancionó la Ley 100 de 1993, “Por la cual se crea el Sistema de Seguridad Social Integral y se dictan otras disposiciones”, que implicó un cambio estructural del sistema de salud (Colombia, República de, 1993).  Este cambio significó nada menos que la definición de nuevas reglas de juego, para muchos sorpresivas. Sería impreciso afirmar que el modelo presentado en el Informe del BM se utilizó y se aplicó literalmente en la reforma sanitaria colombiana. La propuesta del Banco ocupó un lugar en la reforma, preponderante sin duda, pero no fue el único discurso en escena. Por el contrario, todos los actores sociopolíticos nacionales relacionados con el sistema de salud se pronunciaron y participaron en el debate y en la negociación de la nueva Ley. Otros trabajos han mostrado este proceso, aún sin muchos detalles históricos (Hernández, 1997, 1998 y 2000a; Vega y Jara, 2001). De ellos se tomarán los aspectos más importantes que permitan explorar las relaciones entre el proceso de formulación e implantación de la reforma sanitaria en Colombia y la cooperación técnica de la OPS, interés central de este estudio.

El nuevo liderazgo internacional en las políticas de salud

Desde los años ochenta el BM venía haciendo préstamos directos para financiar servicios de salud de los países en desarrollo, bajo la consigna general de la lucha contra la pobreza. Inicialmente, el Banco operaba con la pretensión de brindar apoyo financiero tanto al trabajo de OPS/OMS como a la formulación de políticas sociales en estos países (Walt, 1994: 127).
La teoría neoclásica aplicada a salud implicaba un distanciamiento de la estrategia de organizar sistemas nacionales por la vía de la inversión pública directa en centros de atención, incluso de primer nivel o los denominados “servicios básicos”. Se trataría ahora de incorporar todas las instituciones privadas o públicas que atendieran a los pobres al sistema nacional mediante la transformación del mecanismo de financiamiento llamado “subsidio a la oferta” -sostenimiento de centros y hospitales con recursos públicos–, a lo que se denominó “subsidio a la demanda” de los pobres. Si la atención médica podía entenderse como un bien privado, también podría diseñarse una forma de pago de los servicios de salud consumidos por los pobres que no afectara el cumplimiento de las metas de ajuste fiscal, manteniendo el nivel del gasto público para cubrir estos servicios o, mejor aún, rebajándolo. En esta medida, las reformas contribuirían al cumplimiento de las metas de ajuste fiscal y de pago de la deuda planteadas años atrás.
Desde ese momento, el Banco financió y orientó cada vez más los esfuerzos de reforma de los sistemas de salud en los países de la Región. Colombia también utilizó el crédito del BM en su “Proyecto de Consolidación del SNS”, como se señaló en el capítulo anterior. Pero en 1987, la propuesta parecía ser todavía la iniciativa de algunos expertos. En los seis años siguientes, los economistas del Banco desarrollaron la agenda con detalles técnicos que sólo aparecieron de manera íntegra en el ya citado informe Invertir en salud (BM, 1993).
Los servicios básicos, como se entendía la APS en Colombia, podrían estar incluidos dentro del concepto de bien público, junto con los de altas externalidades, esto es, los servicios colectivos de prevención de enfermedades prioritarias y de promoción de la salud. Estos últimos serían los servicios dirigidos a grupos demográficos, con inclusión de la inmunización, la nutrición, el control de la fecundidad, la disminución del consumo de tabaco y de otras sustancias adictivas, el mejoramiento del entorno familiar y del medio ambiente externo, la lucha contra insectos vectores de enfermedades, y la prevención de VIH/SIDA (BM, 1993: 74). Se aceptaba, entonces, que los servicios financiados con recursos públicos podrían ir más allá de los pobres, a través de una nueva concepción de la salud pública. No sobra insistir: ésta sería entendida como los servicios colectivos orientados a prevenir enfermedades con altas externalidades y promover la salud de las poblaciones. Además, los conceptos de bien privado y bien mixto permitirían que los otros servicios, especialmente los curativos, fueran financiados de manera privada por los individuos y las familias que pudieran pagar.
la dificultad de sostener pagos de bolsillo para la atención médica, aún entre familias ricas, los expertos del Banco propusieron acudir a la idea de “protección del riesgo económico” por medio del aseguramiento. Éste debería ser, en lo posible, obligatorio para los trabajadores del sector formal de la economía y voluntario para los individuos y las familias de más altos ingresos.
En estas condiciones, los sistemas de salud financiados por recursos públicos no tenían ningún sentido. La idea de un Servicio Único de Salud, como el recién creado en Brasil en el marco de la Constitución de 1987, era impensable desde esta perspectiva. Si este planteamiento se hubiera hecho en los años sesenta, habría sido tomado como una exótica broma. Pero las circunstancias mundiales habían vuelto a cambiar en los últimos tres lustros.
En estas condiciones, las afirmaciones del Banco parecían obvias: los derechos sociales y económicos universales son inviables económicamente y los subsidios estatales deben dedicarse a la incorporación de los pobres al ventajoso ámbito de la economía globalizada.
La estrategia central para lograr el propósito de la incorporación de los pobres sería el mecanismo de subsidio a la demanda y la definición de un “paquete mínimo de servicios” que se podría cubrir con dicho subsidio. El imperativo moral de ampliar la cobertura de los servicios de atención médica fue la justificación más utilizada para exhortar a los gobiernos a abrir las puertas del sector salud a la inversión de capital privado y a garantizar el éxito de la inversión de este capital, dada la inviabilidad de hacerlo por el camino de las instituciones públicas. El conjunto de la estrategia de transformación fue presentado, de manera sintética en uno de los párrafos de la introducción del Informe de 1993:
Si los gobiernos financiaran un conjunto de medidas de salud pública y servicios clínicos esenciales, el resto de los servicios de esta índole se podría cubrir mediante financiamiento privado, por lo general por la vía de los seguros, ya fueran privados o sociales. La reglamentación gubernamental puede fortalecer los mercados de seguros privados, mejorando los incentivos para ampliar la cobertura y controlar los costos. Incluso en el caso de los servicios clínicos financiados con fondos públicos, los gobiernos pueden fomentar la competencia y la participación del sector privado en la prestación de servicios, y ayudar a mejorar la eficiencia del sector privado mediante la generación y divulgación de información importante.
. Se organizaron seis talleres en diferentes países con la participación de la American Society of PublicHealth (ASPH), la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Educación en Salud Pública (ALAESP), y la OPS, dedicados a los temas programáticos de la Organización para el cuatrienio 1987-1990. Estos eran: “análisis de políticas públicas en el contexto de salud y desarrollo; sistemas nacionales de información y desarrollo de la epidemiología; economía y financiamiento de la salud; recursos humanos en salud; el proceso de desarrollo tecnológico en salud; y sistemas de servicios de salud” (OPS, 1992a: 28).
Las conclusiones de estos talleres fueron recogidas por el doctor Paulo R. Motta, de Brasil, quien presentó el siguiente listado sobre los problemas más comunes de la salud en los países de la Región:
·        Sistemas de salud heterogéneos y fragmentados con coberturas reales decrecientes o estáticas debido a la reducción de recursos;
·        Crisis del Estado benefactor y surgimiento de nuevas formas de asistencia y atención médica de tipo privado, paraprivado o parapúblico;
·        Desprotección de minorías étnicas y núcleos marginados, incluyendo en muchos casos amplias capas de población rural y semirural;
·        Modernización de enclaves urbanos con prevalencia de patologías de la pobreza y de las mal llamadas patologías de la ‘civilización’;
·        Medidas de descentralización y desconcentración con pocos recursos financieros: se incrementa parcialmente cobertura a costa del número de trabajadores de la salud y la calidad de la atención;
·        Resurgimiento de enfermedades que se creían casi erradicadas como la malaria, el dengue, la tuberculosis y otras;
·        Subregistro de mortalidad y morbilidad, subestimación de riesgos y enfermedades ocupacionales, e incremento de dolencias relacionadas con destrucción de ecosistemas y contaminación industrial;
·        Tendencia generalizada al desempleo o subempleo de egresados del sector educativo de la salud, a pesar de que existen necesidades de atención médica;
·        Creciente desigualdad del ingreso y caída del ingreso real, con diminución de los niveles de ocupación productiva masculina al tiempo que se incrementa el empleo formal o informal de mujeres y niños; y
·        Crecimiento del sector terciario de la economía formal e informal, lo que ha producido nuevos estratos de trabajadores asalariados y por cuenta propia que no tienen normalmente la capacidad de negociar y exigir atención médica y seguridad social (OPS, 1992a: 11-12).

La sorpresa de las nuevas reglas: Ley 100 de 1993

El gobierno presentó un proyecto de reforma de la seguridad social que se concentraba en el componente de pensiones de jubilación, como parte de la flexibilización laboral iniciada con la Ley 50 de 1990. Este proyecto recibió el número 155 de 1992. En él se proponía una separación entre los componentes de salud y pensiones de jubilación en el ISS, que cubría a una parte de los trabajadores del sector privado, para entrar en un modelo de fondos privados en competencia y ahorro individual, similar al implantado en Chile desde 1981. Pero el Congreso de 1992 tenía un sector importante de nuevas fuerzas políticas, diferentes a los partidos tradicionales, que se opusieron a un proyecto tan restringido y los sindicatos lograron ampliar el debate para incluir los componentes de salud y riesgos profesionales. Incluso, las centrales obreras más fuertes presentaron un proyecto de ley, el número 248 de 1992, que avanzaba en un modelo de expansión de la seguridad social, tanto en cobertura como en beneficios, por medio de un gran Departamento Administrativo de la Seguridad Social. Esta instancia regularía y coordinaría a una serie de instituciones dispersas del Estado dedicadas a ofrecer los servicios que deberían ser incluidos en la seguridad social; esto es, salud, pensiones, educación, vivienda, recreación, entre otros (Colombia, MS, 1994: 112-42; Hernández, 2002: 995).El MS, en ese momento en manos de la AD M-19, desarrolló su propia propuesta de reforma, después de una serie de eventos sobre análisis de experiencias en sistemas de salud y de seguridad social en diferentes países, con el apoyo de OPS (Colombia, MS/OPS, 1991 y 1992). Recuérdese que la cooperación técnica se había visto favorecida con la decisión de esta nueva fuerza política de asumir los lineamientos de OPS/OMS para su gestión. La propuesta consistía en un “Seguro Nacional de Salud” que integraba fuentes de financiación e instituciones públicas y privadas, con administración descentralizada y cobertura progresiva, hasta la universalización (Agudelo, 1992: 119-33). Aunque no llegó formalmente como proyecto de ley independiente, esta propuesta entró, parcialmente por lo menos, a hacer parte de los insumos para modificar el proyecto de ley original del gobierno que había tenido tantas resistencias. De hecho, en el debate en el Congreso se presentaron posiciones y propuestas de casi todos los sectores sociales que poco a poco se vieron involucrados, como las asociaciones profesionales de la salud, los trabajadores del sector, la academia, los aseguradores privados, los hospitales y clínicas, entre otros (Colombia, MS, 1994: 32-142; Hernández, 1998: 35-40; 2002: 994-996). El gobierno se vio obligado a retirar el proyecto inicial para incluir una serie de sugerencias y mecanismos derivados de los debates y negociaciones múltiples. De allí salió el proyecto de los técnicos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, del DNP, del Ministerio de Salud y del ISS, elaborado en la casa de campo del Presidente, Hatogrande, a finales de 1992. Aún así, el proyecto modificado fue nuevamente retirado en marzo de 1993 y reemplazado por otro que se presentó a la legislatura iniciada el 20 de julio del mismo año.
La FES también hizo sus aportes a través del Instituto FES de Liderazgo-IFL, con un proyecto liderado por el doctor Francisco Yepes Luján. En el desarrollo del proyecto se integraron sectores académicos, ONGs y expertos en salud y seguridad social del país, con el fin de producir una propuesta de sistema de seguridad social que pusiera en marcha el mandato constitucional. En enero de 1993 se realizó en el Recinto Quirama de Rionegro (Antioquia) un foro en el que participaron todos los involucrados para fijar los criterios centrales de la propuesta. De allí surgió un proyecto de ley que presentaba un sistema de seguro obligatorio de cobertura familiar, financiado por la convergencia de recursos privados y públicos, con competencia entre agentes públicos y privados, un fondo de compensación y varios mecanismos de regulación. Entre éstos últimos, el más importante era el de “la contratación de la atención integral de grupos de beneficiarios por valores fijos anuales per cápita”, como mecanismo de cotrol de costos, al que se denominaba “administración de la demanda” (IFL, 1994: 100). Este proyecto se articuló con fluidez con los desarrollos del grupo de técnicos del gobierno, de manera que la versión final del proyecto gubernamental presentado al Congreso incluía varios de sus aportes.


El MS, en ese momento en manos de la AD M-19, desarrolló su propia propuesta de reforma, después de una serie de eventos sobre análisis de experiencias en sistemas de salud y de seguridad social en diferentes países, con el apoyo de OPS (Colombia, MS/OPS, 1991 y 1992). Recuérdese que la cooperación técnica se había visto favorecida con la decisión de esta nueva fuerza política de asumir los lineamientos de OPS/OMS para su gestión. La propuesta consistía en un “Seguro Nacional de Salud” que integraba fuentes de financiación e instituciones públicas y privadas, con administración descentralizada y cobertura progresiva, hasta la universalización (Agudelo, 1992: 119-33). Aunque no llegó formalmente como proyecto de ley independiente, esta propuesta entró, parcialmente por lo menos, a hacer parte de los insumos para modificar el proyecto de ley original del gobierno que había tenido tantas resistencias.

La cooperación técnica en el nuevo marco institucional

El SGSSS se sustentó en la teoría neoclásica de los bienes para diferenciar el gasto privado del gasto público. Los servicios individuales de atención médica definidos en el POS serían financiados por los aportes de los cotizantes o por el subsidio a la demanda de los pobres (POS subsidiado), mientras que los servicios colectivos, con altas externalidades, quedaron, cada vez más, ubicados en el Plan de Atención Básica-PAB. Si bien la expresión “atención básica” incluía al comenzar la operación del sistema un Plan de Atención Materno Infantil (PAMI) y la atención obligatoria de los ancianos, heredados de la APS y de la responsabilidad derivada del carácter de “servicio público” de la atención básica establecido en la Ley 10 de 1990, poco a poco se fue cristalizando la idea de dejar en el PAB sólo los servicios colectivos con altas externalidades. Esta era la expresión más clara de la nueva concepción de “salud pública”, derivada de la aplicación de la teoría neoclásica de los bienes. Por esta razón, el ministro Londoño, el senador Jaime Arias y otros más, insistían en que la Ley 100 nada tenía que ver con salud pública y que se trataba de una reforma de la seguridad social para mejorar su eficiencia, universalidad y solidaridad, según el mandato constitucional (Arias, 2002).
En medio de estas nuevas reglas y un sistema complejo en proceso de reglamentación, los programas bandera de la cooperación técnica de OPS en los años previos a la reforma, como el desarrollo de los SILOS y la estrategia de Promoción de la Salud adaptada a los países latinoamericanos, se vieron debilitados entre 1993 y 1996. Como han señalado algunos expertos, en este lapso la cooperación entre la OPS y el gobierno colombiano cayó en una especie de limbo tanto en el MS como en la OPS, al perder la proyección programática y estratégica que se traía de los años anteriores (de Taborda y Granados, 2002). Al parecer, y según la opinión de los expertos más cercanos, hubo una actitud expresa por parte del gobierno de excluir a la OPS de la discusión de la reforma y de la fase inicial de su puesta en práctica, a pesar de la historia de buenas relaciones y estrecha cooperación técnica vivida hasta ese momento entre la OPS y el Estado colombiano. El alejamiento entre la OPS y el gobierno nacional, entre otros factores, permite entender por qué la OPS no tuvo una participación más directa en el proceso de reglamentación de la Ley 100 ni en la implantación inicial del nuevo sistema (Carrasquilla, 2002; de Taborda y Granados, 2002; Restrepo, 2002; Yepes, 2002).
Pero también debe entenderse que, si en el ámbito internacional se notaban las diferencias estratégicas entre organismos, en el país no tendría por qué ser de otra manera. Las necesidades del nuevo sistema se concentraban en definir los detalles relativos al aseguramiento y la administración del subsidio, antes que en fortalecer instituciones y modelos de organización que tenían el tufillo del viejo sistema. La reorganización del MS y de los niveles descentralizados, producto del proceso de reforma, implicó también cambios de personal y ajustes organizativos que obstaculizaron cualquier intento de trabajo concertado entre la OPS y el Ministerio. En poco tiempo, los SILOS entraron en total incertidumbre en los lugares en los que había importantes desarrollos, porque el sistema había cambiado el papel del Estado de manera radical. Así que la reforma de 1993 puso en problemas el proceso descentralizador impulsado por la OPS, pero además, encontró a la Organización sin propuestas políticas alternativas, sin infraestructura de cooperación adecuada a las nuevas necesidades y con muchas dificultades en el plano de las relaciones con el gobierno.
Un ejemplo de los programas fortalecidos en este período fue el de control de VIH/SIDA. Con base en los acumulados previos a la reforma, en 1994 se formuló el Plan Intersectorial a Mediano Plazo-PMP para el control de la epidemia de VIH-SIDA, el cual involucraba 14 instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Este Plan fue impulsado por el MS, siguiendo la recomendación internacional de la OPS de poner a funcionar los programas de control del VIH-SIDA bajo la égida directa de los despachos de los ministros. En Colombia esto sucedió a finales de 1993, justo cuando se sancionaba la Ley 100. Tanto la OPS como la coordinación nacional del programa señalaron en su momento la importancia del nuevo lugar del programa dentro del Ministerio, con lo que se alcanzaba un apoyo político y financiero indudable y una mayor capacidad de gestión y movilización de recursos (Colombia, MS/OPS, 1994: 3-4).
Pero este Plan no hablaba de aseguramiento. Las estrategias sobre las que se basaba eran la coordinación intersectorial, la participación comunitaria y la descentralización, todas ellas enmarcadas en el proceder tradicional de OPS (Colombia, MS/ONUSIDA, 1999: 100). Los objetivos fundamentales eran fomentar en el individuo, la familia y la sociedad conocimientos y prácticas preventivas, además de promover valores, actitudes y comportamientos sobre una sexualidad responsable en el marco de la “cultura de la salud”, junto con fuertes componentes de inter sectorialidad.
En el transcurso de 1994, el MS decidió retomar la cooperación y definió tres ejes de trabajo para el segundo semestre del año: el primero correspondió al desarrollo institucional del sistema de salud con un punto importante sobre desarrollo de recursos humanos; el segundo eje estaba constituido por la salud pública y el tercero por el desarrollo de los servicios locales de salud (OPS/OMS, 1.995b: 130). En el marco de estos ejes se creó -en conjunto con ASCOFAME, la Universidad del Valle y el MS, con el apoyo de OPS y otras entidades-, un comité técnico nacional para fortalecer los programas de formación en Medicina Familiar. Si la cobertura del aseguramiento sería familiar en el nuevo sistema, se hacía necesario formar algunos profesionales en este campo. Al mismo tiempo, y por solicitud del MS, se inició la discusión y elaboración de una política nacional en rehabilitación, proceso que se inició con una primera reunión de expertos. La OPS apoyó además el diseño de un seminario taller internacional de Administración Estratégica, con un grupo “selecto” de universidades, con el fin de generar una metodología que le permitiera al país mejorar la gestión de los niveles locales de salud y recuperar el frente de la descentralización.
Los lineamientos de la OPS definidos para el cuatrienio 1995-1998 sobre la cooperación técnica en recursos humanos proponían que el adiestramiento, uso, distribución y dirección de personal sanitario eran de capital importancia en la reorganización del sistema de salud. La línea de acción que se planteó en esta dirección consistía en “promover el desarrollo de recursos humanos en todos los campos de importancia decisiva para el funcionamiento eficiente de los servicios de salud.

La recomposición de una relación

La crisis de las relaciones de cooperación entre la OPS y los países de la Región comenzaba a preocupar a muchos, aunque las dinámicas nacionales eran claramente distintas. Se requería una estrategia de solución que comprometiera especialmente a los Estados Miembros y repercutiera sobre la organización continental, como en efecto ocurrió en 1994. Los lineamientos estratégicos y programáticos definidos por la XXIV Conferencia Sanitaria Panamericana de ese año, incluían la responsabilidad que debería asumir la OPS en la “reducción de las inequidades sociales” mediante su contribución a la reorganización de los sistemas y servicios de salud dentro del marco estratégico de las políticas de modernización del Estado, apertura económica, globalización y ajuste fiscal. Esto significaba, por lo menos, disminuir “las diferencias en acceso y cobertura de los servicios de salud y en las condiciones sanitarias de la población”. Para superarlas, la OPS, por su lado, insistía en “asegurar el acceso de toda la población a un conjunto determinado de servicios básicos de salud de calidad aceptable, recalcando los elementos esenciales de la atención primaria”
La fase de recomposición de la cooperación por parte de la Representación en Colombia tuvo un giro con la presencia del doctor Hernán Málaga en 1996. Los lineamientos de la Organización y el contexto de apoyo internacional a la reforma permitían identificar algunos nichos de restitución de la cooperación en el nuevo sistema. Uno de ellos fue, precisamente, el de los servicios de salud en el ámbito local y regional, desde la perspectiva del fortalecimiento de la descentralización en el marco de la reforma. Los proyectos de este tipo se titularon “Cooperación municipal para el desarrollo de la salud”, “Cooperación municipal para el logro de la equidad en salud”, “Fortalecimiento de la capacidad departamental en la reforma del sector”, “Apoyo al pacto social y la ref
orma a la seguridad social a nivel nacional” y “Municipios Saludables por la Paz”.

La salud pública en un sistema de aseguramiento

Los vaivenes de la cooperación estaban mostrando algo que sólo a los cinco años de implantación de la reforma, hacia 1998, comenzó a ponerse sobre el tapete. El SGSSS estaba abandonando las acciones de salud pública y los actores del modelo de aseguramiento no parecían estar interesados en estos asuntos. Las evidencias se fueron acumulando con los años. Pero el debate sobre el impacto del nuevo sistema en la situación de salud apenas comenzaba.

En 1995 el ex ministro de salud Juan Luis Ministro resaltaba en una columna periodística un hallazgo muy importante del informe de UNICEF de ese año: Colombia había disminuido su tasa de mortalidad infantil más que ningún país del mundo, a excepción de Omán, entre 1980 y 1993. Este vertiginoso ascenso podría atribuirse a las políticas de atención materno infantil sostenidas en más de una década, en especial de la estrategia de vacunación que había logrado aumentar las coberturas en pocos años, como se mostró en el capítulo anterior. Sin embargo, el doctor Londoño explicaba así este éxito nacional: “El logro con creces de esta meta es, sin duda, un éxito del Plan de Desarrollo de la administración anterior”, es decir, la de César Gaviria en la que el columnista había participado (Londoño, 1995: 6C). Se planteaba así un debate que aún no termina respecto del impacto de la reforma en la situación de salud de la población.

No hay comentarios:

Publicar un comentario